lopesan

lopesan - Opiniones y Reseñas

Valoración media
8.2 /10
Basado en 21 reseñas
ago 2023-dic 2025
Distribución de estrellas
50
414x
35x
22x
10

Transparencia

Origen: Envíos voluntarios: sin invitaciones tras la compra, sin recompensas
Verificación: sin verificación estándar de compra; controles básicos contra el abuso
Moderación: se eliminan spam/publicidad/datos personales
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Opiniones (21)

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Casi no fui

Lo vi en Instagram y casi no fui, era escéptico, pero la llegada fue rapidísima, el personal majo y servicial, la comida... buenísima, vuelvo seguro

Sorpresa al llegar

Llegué con pocas expectativas la semana pasada; al final David me ayudó y salí convencido.

La tetera me saludó

Al llegar me sorprendió encontrar la tetera en la habitación; nos quedamos diez días y el personal fue majo y servicial, cualquier cosa que pedíamos la traían sin problema, primera impresión.

Buena base para desconectar

Personal muy amable, comida variada y rica; las habitaciones cómodas, todo limpio. Lo uso para escapadas y relajarme, aunque el entretenimiento se repite.

Buen trato, mala paga

el personal es atento pero claramente mal pagado. Lo noté en la actitud, siempre dispuestos, pero no alcanza. Es triste —sin ellos el hotel no funciona. Ojalá Lopesan cambie políticas, deberían pagar mejor, serio. Aunque yo volvería por el servicio.

Descanso merecido

Venía de una mudanza agotadora y con la espalda hecha polvo, necesitaba descanso. Al principio dudé —check-in lento— pero cuando me tumbé en la terraza y la molestia aflojó, supe que merecía la pena. Personal atento, comida en mesa, todo limpio, repetiría.

Grupo frustrado

No volvería, me dejó mal sabor. Íbamos 20 y nos aceptaron la reserva, pero en el restaurante no nos dejan juntar mesas. Nos pidieron pagar 80 euros si queríamos estar todos juntos. Muy raro y un rollo. He estado en otros hoteles donde con un aviso lo solucionan gratis. Las habitaciones estaban bien, pero esto fastidió todo.

Tumbonas y sorpresas

Lo vi la primera mañana al llegar y, mira, pensé 'otra vez', porque alguien había puesto toallas en las tumbonas desde las seis; se lo dije en recepción, medio en broma, y al día siguiente todo cambió. Supe que estaba contento cuando volví y las tumbonas ya estaban libres, por fin.

Entre piscina y calma

desayuno aparte, piscina propia, silencio. Servicio atento, todo limpio. Un par de cosas pequeñas fallaron, el precio se nota, pero salimos contentos y con ganas de repetir.

buen rollo, con peros

30 no queden sitios y las tumbonas están ya hechas polvo.

Un resbalón inesperado

Justo regresando de la playa, mi tía resbaló porque el suelo estaba empapado por el aire acondicionado; antes de reservar dudé porque lo vi en TripAdvisor y un amigo lo recomendó, pero no imaginé esto. Prometieron arreglarlo y al final nada. Solo Noé y Francisco fueron majos. Funciona, pero con cautela.

No perfecto, pero recomendable

fotos y opiniones pueden exagerar, además no estaba seguro por el precio. Al llegar me relajé: la habitación moderna y cómoda, aunque la almohada podría ser mejor. El desayuno me sorprendió positivamente; mucha variedad y opciones sin gluten, y podías pedir en mesa o pillar del buffet, cosa que agradecí. El personal fue atento y servicial, y la zona de la piscina es justo lo que esperaba —cómoda para tumbonas—. Lo recomiendo con reservas, pero volvería.

Noche movida, solución rápida

gente, ruido, servicio despistado. Además, la última vez que reservé en otro sitio me tocaron camas que chirriaban y nadie respondió; por eso tenía miedo. Al final resultó todo lo contrario. Sí, a medianoche hubo lío en la habitación de al lado y pensé "aquí se va la noche", pero llamé a recepción y en diez minutos apareció seguridad y lo solucionaron; no se cortaron al sacar a los alborotadores. A la mañana siguiente nos ofrecieron otra habitación más tranquila y hasta llevaron las maletas. El desayuno buffet tiene de todo, las piscinas están muy bien y la ducha es buena. Habitaciones limpias y nos llamaron después para comprobar. Agradecido.

Reserva que me sorprendió

¿me cobrarían de más? ¿habría confusiones? Llamé al equipo de reservas y me atendieron Victoria y Paola, no sé apellidos ni su despacho, pero se notaba que sabían lo que hacían. Fueron amables y, lo mejor, me devolvieron la llamada para confirmar todo, así que mis dudas se fueron. Me sorprendió que no fuera un trámite impersonal, hubo humanidad, explicación clara y paciencia. No todo sale perfecto siempre, pero aquí me dieron confianza y volvería a reservar con ellos. Además, al final me ofrecieron un pequeño descuento.

Ese momento cambió todo

de 'vaya...' a 'vale, esto merece la pena'. Al final salimos a cenar fuera un par de noches, pero la mayoría del tiempo disfrutamos, los niños jugaron y yo me relajé. Repetiría sabiendo lo que sé ahora. Además, la zona de piscinas es preciosa y el hotel tiene detalles que no había visto en otros sitios: plantas, caminos. No es barato, pero la relación calidad-placer me pareció justa.

Rincón que me convenció al atardecer

me lo recomendó un amigo que había ido el año pasado y me mandó un par de fotos. Al llegar fui bastante escéptico, pero hubo un momento —sentado en la barra junto a la laguna viendo cómo se ponía el sol— en el que pensé «esto sí vale la pena». El personal fue clave: atentos, sin ser empalagosos, y resolvieron un par de detalles menores sin drama. No es perfecto, el menú puede ser repetitivo y alguna espera se alargó, pero la sensación general es de que todo funciona con cuidado. Los gatos residentes son un plus curioso y ayudan con los bichos; además se nota el cariño del jardinero, lleva años y se nota en los paseos por los jardines. Se lo recomendé a otra amiga y ella también quedó contenta. En conjunto, pequeñas fallas pero mucho más aciertos; sitio para repetir.

Noche confusa, pero cama cómoda y buen punto de partida

el autobús nos dejó y nos señalaron un camino totalmente a oscuras. Fue raro, sí, y un poco peligroso —pero al final tiene su lado curioso, como entrar a un sitio secreto. La recepción estaba tranquila, casi vacía, y aunque al principio nos dijeron que habíamos llegado "tarde" (cosa que no podíamos controlar por el vuelo), la chica que nos atendió fue muy simpática y nos acompañó hasta la habitación. Esa atención personal, caminando por los pasillos en silencio, me recordó a cuando viajo por trabajo y lo único que quiero es tumbarme: se agradece mucho alguien que te lo ponga fácil a esas horas.
La habitación no era la que teníamos en la reserva al principio —nos tocó cambiar— pero la segunda fue perfecta: colchón cómodo, cortinas que realmente apagan la luz, y una sensación de calma que vas a apreciar si vienes a desconectar. Lo que sí, veníamos muertos de sed y no había nada listo en la habitación (ni agua potable, que allí no se puede beber del grifo), así que salimos a buscar algún bar abierto; eso nos sacó de apuro y, siendo sinceros, se convirtió en una mini aventura nocturna que terminó bien: unas tapas, risas, y a la cama.
Durante la estancia noté que el hotel apuesta por una estética muy tenue —luces bajas, rincones sombríos— y a mí me pareció a ratos acogedor, casi teatral; a ratos incómodo por los escalones y algún suelo irregular, hay que tener cuidado. Si vas con maleta y con prisa, puede resultar un poco incómodo encontrar el camino dentro, especialmente de noche. La limpieza y el confort de la habitación compensaron bastante: toallas limpias, baño aseado, y silencio absoluto para dormir.
En el día fue un buen punto de base para las excursiones por la isla: rápido para salir hacia la playa, y cerca de sitios para comer. También hubo un momento tenso con cobros por ocupar la habitación por la tarde, pero tras hablarlo no terminó siendo un problema, así que todo se arregló. En resumen, no es perfecto, pero si buscas un lugar tranquilo, con cama cómoda y personal que, en el fondo, se preocupa, te puede funcionar muy bien. Para nosotros fue una mezcla de pequeños sustos iniciales y luego relax genuino —y al final eso es lo que buscábamos en las vacaciones.

Sombras, gritos y un "perdón" de última hora

el sitio se ve cuidado desde lejos, tranquilo, todo eso. El primer chasco llegó rápido: en la zona principal no se podían abrir las sombrillas, ni con una brisa mínima. Curioso, porque en el adults-only justo al lado estaban abiertas sin problemas. La primera tarde fue un poco surrealista: un socorrista bastante seco se acercó y, con poca paciencia, nos dijo que todo debía estar cerrado. Mi pareja fue a recepción solo para preguntar por qué, y en 10 minutos la sombrilla volvió a estar abierta porque la de recepción dijo que sí se podía. Todo muy raro, ¿no?
Entonces aparece el gerente y, sin demasiada explicación, acusa a mi pareja de “gritar” a la recepcionista. No es verdad, pero se montó un pollo. Le pedimos las imágenes de las cámaras para aclararlo y no nos las dieron. Al día siguiente, tanto el gerente como la recepcionista se acercaron a pedir disculpas y hablaron de “un malentendido”. Esa parte me dejó un poco aliviado; no es lo ideal pero valoro que pidieran perdón.
Hablando de entregas: el welcome pack que anuncia el hotel (capsulas Nespresso, leche, botellita de agua) no estaba cuando llegamos. Menos mal que al final nos dieron algo, pero solo una vez; después tuvimos que comprar leche en la barra. Eso me cae mal: si anuncias algo, dalo, o quita lo anunciado. La comunicación por la app es otro tema — normalmente útil, pero aquí no respondían a las peticiones; parece que la "entrega" de servicios vía app falla bastante.
En cuanto al servicio, tiene momentos buenos y momentos regulares: limpieza con carritos en medio del paso, toallas ya algo viejas y duchas con cambios de temperatura bruscos. El socorrista hacía mucho ruido con una botella y algún recepcionista no ayudaba con sonrisa. Aun así, la actitud final del equipo, con la disculpa, me dejó más tranquilo. Si vas buscando paz y no esperas un cuatro estrellas perfecto, lo recomendaría con reservas: trae coche y paciencia.

Una estancia con matices, pero cómoda

volvimos a la cadena Lopesan y se nota que cambian cosas, no todas para mejor, pero sigue habiendo aciertos. Empecé por el Lopesan Costa Meloneras porque allí pasamos la mayor parte del tiempo: es la tercera vez para nosotros y, en lo esencial, sigue siendo un hotel agradable, con habitaciones cómodas y espacios comunes que funcionan. Se siente bien al usarlo, las camas no son una maravilla de otro mundo, pero descansamos sin problema, el aire va fino y los baños están bien resueltos. Lo práctico se nota: todo pensado para que no te compliques demasiado cuando vas con familia o amigos. Dicho eso, hay detalles que chirrían. La nueva etiqueta de "Unique Guests" me pareció divisiva; si es un cinco estrellas, ¿por qué segmentar tanto? No pega, y además te deja una sensación de capas que no esperaba. Otro punto: han quitado un par de actividades relacionadas con golf que antes eran entretenidas. No era nada serio, solo cosillas para pasar el rato, y se echan de menos. Y el buffet, madre mía, esa especie de pasillo estrecho para entrar y salir... lo llaman organización pero a mí me pareció un embudo que puedes oler desde lejos. Mucha gente en poco espacio, algo que no encaja con la idea de relajarte mientras desayunas o cenas. Peligroso, un poco caótico. Ahora lo bueno: el personal. Sin exagerar, la gente del hotel hace la diferencia. Son atentos, casi siempre con buena disposición, y eso se nota cuando usas los servicios: desde el bar hasta la recepción, te ayudan sin que tengas que pedirlo dos veces. Yo suelo intentar hablar español con la gente del lugar y creo que eso ayuda, no sé, se nota respeto y se rompe la pared del turista que solo espera todo en inglés. Fuera del LCM, visitamos la Villa Conde una noche para escapar del bullicio del buffet; allí nos atendió un chico, Omar, que siendo nuevo (lo dije en el momento) puso una atención elegante para orientarnos. Detalle pequeño, gesto grande. Y el Baobab, que no es mi estilo por la decoración —es más atrecido, rollo distinto— lo usamos mucho para variar y nos sorprendió gratamente: el buffet del Baobab lo elegimos como alternativa en 11 de 14 noches. El equipo del restaurante merece mención: Francesco, Victor, Sebastián y Tania, cada uno con su forma de hacerte sentir bien. Francesco te saluda como si fueras de la casa; Victor te arranca una sonrisa sin esfuerzo; Sebastián se esmera en la mesa y Tania, aunque su inglés era limitado, trabajaba con una sonrisa auténtica. Los cocineros que hacen la carne al momento también bromeaban mientras esperabas, y eso da una sensación de cercanía que no esperaba. En conjunto fue nuestra cuarta experiencia positiva con Lopesan en Meloneras; hay cabos sueltos, sí, pero el balance final es favorable y seguramente volveríamos.

Terracita con sol y alguna sorpresa

“¿un cinco estrellas?” Lo dudé. Pero luego, cuando hice el primer recorrido por la habitación y el baño, me relajé un poco. El baño adaptado está muy bien pensado. El espacio para moverse existe. La ducha tiene agarraderas y la sensación al ducharte es cómoda, no como en esos sitios que parecen diseñados por alguien que nunca ha usado una silla de ruedas.

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Sobre lopesan

Lopesan es un grupo empresarial con sede en España, específicamente en las Islas Canarias. Se especializa en el sector del turismo, centrando sus actividades en la construcción y gestión de hoteles y resorts de categoría alta. La empresa fue fundada en el año 1972. A lo largo de los años, Lopesan ha logrado expandirse internacionalmente, operando establecimientos en diferentes países, incluyendo España, Alemania, República Dominicana, y más. Su portafolio incluye marcas como Lopesan Hotels & Resorts, IFA Hotels & Resorts, y Abora by Lopesan, ofreciendo una variedad de experiencias de alojamiento que cubren desde opciones de lujo hasta alternativas más económicas. La compañía se distingue por su compromiso con la calidad, el servicio al cliente y la sostenibilidad medioambiental.

Información del contacto

🌐 www.lopesan.com

Última actualización: 25 de diciembre de 2025

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